De qué trata
Un recorrido por cinco mil quinientos años de peste, desde tres niñas enterradas junto al lago Baikal hasta la alarma de octubre de 2026 por la muerte de una investigadora de un instituto siberiano que vigila la peste. El relato pasa por la plaga de Justiniano, la peste negra, la tercera pandemia y la epidemia de Manchuria, y explica cómo la bacteria aprendió a usar a la pulga. Al final vuelve a Siberia: el caso de 2026 no resultó ser peste, y lo que cambió con los siglos no fue la bacteria sino nuestra respuesta.
- Los genomas antiguos muestran que la peste ya mataba a cazadores y pescadores del Baikal hace unos cinco mil quinientos años, mucho antes de las ciudades.
- La bacteria no siempre se transmitió por pulgas: adquirió esa capacidad con el tiempo, y por eso pudo desencadenar las grandes pandemias.
- La peste negra no tuvo un único culpable humano: hubo miedo, búsqueda de chivos expiatorios y mitos, como el del asedio de Caffa, que la evidencia matiza.
- En 1894 se identificó la bacteria y poco después se entendió el papel de la pulga, lo que permitió controlar epidemias como la de Manchuria.
- En 2026 el caso siberiano se estudió en una semana y la peste se descartó; hoy la peste se cura con antibióticos, pero sigue matando donde el tratamiento no llega.
Fuentes
- Randremanana R, Andrianaivoarimanana V, Nikolay B, Ramasindrazana B, Paireau J, ten Bosch QA et al. Epidemiological characteristics of an urban plague epidemic in Madagascar, August–November, 2017: an outbreak report. The Lancet Infectious Diseases. 2019;19(5):537-545.doi:10.1016/S1473-3099(18)30730-8
Fe de erratas
Sin correcciones hasta ahora. ¿Encontró un error? Cuéntenos cómo reportarlo.